Mad Men memories

El fin de Mad Men se acerca, y con él, el fin de una de las mejores series y más icónicas de todos los tiempos de la televisión. Para homenajearla repasaremos los mejores momentos de sus 7 temporadas.

Echemos la vista atrás para recordar, y viajemos cincuenta y cinco años atrás a un típico barrio residencial donde todas las casas son iguales. Aproximémonos a una ventana cualquiera de una de sus casas y veremos a una ama de casa ocupada en sus quehaceres diarios, preparando la comida o un pastel mientras espera la llegada de su marido del trabajo. Allí, en la residencia Draper encontramos a la que por aquel entonces era Betty Draper, una ama de casa treinteañera y guapa que ejemplifica todos los valores que se esperaban en una mujer de los años 50 o 60, es decir, una dedicada y feliz esposa cuya finalidad es servir a su marido e hijos y tener la casa limpita y con un constante aroma a galletas recién hechas.

La primera señora Draper tiene el honor de ser la protagonista de uno de mis momentos favoritos de la primera temporada de la serie. Es curioso que sea Betty y no otro personaje, ya que no es uno de mis personajes favoritos. Esta mujer llena de contradicciones que despierta más antipatías en el público que simpatías a causa de la mayoría de sus actos, empezó como un personaje anecdótico sin tener mucho peso en la trama, era simplemente la mujer de…, la ama de casa insulsa y cotilla sin aspiraciones, pero poco a poco se ha ganado un lugar por derecho propio en la serie. Esto se debe a diversos motivos, siendo el más importante que ninguna de sus intervenciones tiene desperdicio, sirviéndonos como ejemplo la escena de la que hablaremos a continuación. Su relación con su hija Sally es otro punto fuerte, y por encima de todo su personalidad explosiva e imprevisible la convierte en uno de los personajes más interesantes y complejos dentro de la serie, siendo imposible concebir Mad Men sin ella.

Para quien no la conozca, Betty, antigua modelo, pasa los días charlando con su querida amiga Francine, entre cigarro y cigarro ignora a sus hijos como nadie. En su tiempo libre también le gusta asistir a fiestas alardeando de marido, ir al psiquiatra para ahondar en las inseguridades y valores que le inculcó su madre – la culpa siempre es de la madre –, empotrar coches contra los arboles del vecindario y alentar idilios extraños con niños no menos extraños. Pero sobre todo, lo que más le gusta es la caza del pichón.

A esta última actividad dedicamos el primer recuerdo Mad Men. Es imposible olvidar como una mañana que aparentemente no tenía nada de peculiar, Betty sale a su jardín vestida en camisón, escopeta en mano y cigarro en boca y dispara a diestro y siniestro contra las palomas de su vecino. Y es que en realidad no era otra mañana cualquiera, era la mañana en que la ama de casa norteamericana despierta de su letargo tras llevarse una decepción y comprobar que sus aspiraciones laborales solo han sido un pretexto para llegar a su marido, viéndose reducida otra vez a ser considerada únicamente como mujer florero en lugar de tener su propia identidad. Decide entonces, que al menos esas palomas no le molestarán más a ella y a sus hijos, descargando su frustración e impotencia en ellas. Demuestra con esa acción tan inesperada e inconcebible para una mujer de esa época que ella no es como las demás mujeres que están en camisón en las otras casas de su barrio residencial y que en realidad su posición “privilegiada” en la sociedad no es tan idílica como nos hace pensar su comportamiento normalmente.

MadMen-05-ShootingBetty

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