Anne Sexton

Ellas tan fuertes, “dicen”. Antes de dormir hacen un repaso dentro de la capsula memorial de su discernimiento. Se trata de estudiar los errores, paso por paso: como si fuesen velos caen poco a poco todas las escenas de su día, las máscaras que se tuvieron que poner en los distintos espacios son de múltiples tonalidades. No olvidan nunca, solo repasan y recuerdan todo lo que está en su papel, lo hacen para no despeñarse en la incongruencia de un mañana parecido al hoy. Miran continuamente su reflejo, observan sus arrugas, granos, cicatrices, el cambio irresistible de una anatomía acabada y similar a la de todas. Pero se ven bellas. Parecen seguras de todo lo escrito y vivido, no os confundáis: son las más débiles sabihondas. Vomitan sus propias verdades que suelen tener una asquerosa intimidad igual a la tuya. La inconformidad de sus vidas es su ahogada inspiración sin proyección hasta que mueren. Pasan los años y seguimos siendo sombras en un futuro que parece alumbrado por el poder de los otros. Por eso, yo me grabo en casa, quiero ser como todas las señor(as) obsesionadas con su familia, bien vestida y manteniendo la fantasía de un acartonado y estático hogar donde soy madre y bicho raro por excelencia, pero un día me iré a cruzar la inmortalidad en el claro azul de mis ojos…

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