Ratón, rata y otros

En una habitación insonorizada con altavoces que replicaban suplicas y lamentos de antiguos inquilinos apareció un pequeño ratón. Este animalito tuvo el buen grado de visitarnos a oscuras para no llevarnos el susto de su presencia. Lo sentimos porque arañaba, masticaba y gruñía enfadado por no encontrar su sitio en el mundo. Ante tal alboroto encendí la luz para la búsqueda del animal alcantarillado. Pero fue ver la luminiscencia y desaparecer por completo. Todos nos sentimos muy desolados sin su eco en el trasfondo de la habitación, en ocasiones, sus sonidos se escuchaban como pequeñas risitas malignas que daban un sentido terrorífico a aquel lugar, y nos gustaba. Desde ese día nunca supimos más del pequeño. Pasadas tres semanas, exactamente, apareció una rata. Ese animal tuvo el mal gusto de aparecer en plena luz y mientras mantenía sexo con mi querido, como comprenderéis, el susto que se llevó fue tremendo y, por desgracia mía, se cortó todo el rollo. Se trataba de un bicho feo, inmundo y maloliente, ¡qué asco!, dijo él, ¡mátalo!, dije yo. Os juro que fue una batalla heroica. Por un lado, nosotros con bolsa y escoba en mano y por otro lado, esa rata de mirada roja y fría, amenazándonos con sus dientes chirriatorios en busca de saciar su hambre de guerra, era como si nos provocara. En la vida había visto una rata tan chula y altanera. Recordé con esta imagen mi infancia en el campo, cuando nos tumbábamos por las noches para dormir y nos decían que levantásemos bien los pies porque si no venían las lauchas y nos comían los dedos uno a uno. Los abuelos te contaban innumerables historias de niños que se quedaban sin sus miembros inferiores al ser devoradas por tales alimañas. La imagen de la laucha y la rata se me asemejaban, salvo que uno era el modelo urbanita y el otro el modelo campesino, bucólico. Toda esta situación me hizo pensar… ¿cómo puede ser que una laucha y una rata me den tanto pánico y un ratoncito, que quizás tenga la misma leche que los otro dos, no?¿será por Micky Mouse o por los ratones de laboratorio?, si la respuesta se hallase en la última pregunta, diría que albergo un sentimiento de remordimiento hacia todo roedor que tendría que extenderse también directamente a sus primos los hámsteres (creo que ellos son los culpables). Esto es muy duro y a la vez me convierte en una hipócrita, porque yo sí que he tenido como mascota a hámsteres de los que se meten en la ruedita y se comen las crías cuando nacen. Pero nunca tendría un ratoncito de mascota, aunque me caigan bien y aparezcan a oscuras. Entonces, si es así: ¡soy una racista de roedores! ¿Por qué razón? Bueno, como no voy a desembocar en nada claro, ni voy a salvar el mundo con ello, retomo mi historia épica: la contienda se saldó con una rata muerta más en el universo pero enterrada con honores. Lo metimos en la bolsa y lo lanzamos desde el coche en el cubo de basura más cercano, no sin antes dar unos pequeños minutos de silencio y rememorar su vida y la de otros roedores que pasaron por nuestro camino.

Qi Baishi
Qi Baishi
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