Mis manos son vapor que se esfuma cuando quema al rozarte. Aguantan erosiones y marcas inexorables. Son evacuas porque poseen cóncavas cicatrices que delatan la mierda con la que me alterno mañana, tarde y noche. Piden ser paliadas aunque saben que no hay un protector alivio celestial para tanta inmundicia. Sienten reconcomio de las blancas y limpias manos llenas de condensada felicidad e hipocresía. Las mías saben de perdedores y caminos. Si las lees encontrarás la ofrendada ruta a ninguna parte.

Francesca Woodman
Francesca Woodman
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