Hundo mi pecho en lágrima, inhalo a fondo aire de espera. Rompo quejido y reviento nervio, tal vez quebranto. Dudo mil ciento veinticuatro veces. Froto aguas para tranquilizar el ansia. Nadie concibe lo que ronda en mi suburbio mental por las noches. Hay farolas en el barrio que quieren guiar el encuentro, pero digo no, me gusta y no vendo mi soledad.

Leonid Afremov
Leonid Afremov
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