Punto

Un hombre se sienta en la misma mesa, a la misma hora, en la misma cafetería todos los días. Mira siempre, con la espalda recta en la silla, a un punto fijo. Está concentrado y apacible, no quiere llamar la atención, aunque su sitio esté ubicado en la entrada de la segunda planta del café. De modo, que todo aquel que suba allí está obligado a pasar por sus narices. Ya os digo yo que es de esos que registra a todos aunque no quiera ser visto, aunque su mirada parezca estar en aquel sitio imperceptible por los demás. Sus cortos y pocos pestañeos le advierten de que está vivo y que debería hacer algún movimiento para no adormecerse. Continuamente pasan los caseritos de la merienda a su alrededor, pero no se inmuta. Una vez pasé por su lado y me miró, lo pillé. Sentí temor y poder. Fue fijo, corto y sincero, una mirada color humo. Después volvió a aquel objetivo imaginario establecido en una pared blanca a la que intento buscar respuestas. El hombre se levanta, siempre, después de estar dos horas con su taza vacía en la mesa. De momento no he visto a nadie sentarse allí, tampoco he intentado hacerlo. Por supuesto, cada mañana, antes de que el hombre llegue, contemplo una pared blanca con mi minúsculo y bonito punto fijo para sobrellevar la tarde. Eso sí, por lo menos intento relacionarme para no pasar inadvertida.

"Paisaje", Joan Miró
“Paisaje”, Joan Miró
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