Comicteca #1: La casa de Paco Roca

La casa. Paco Roca. Astiberri, 2015. Cartoné, 136 págs. 16€.

Hacer sencillo lo complejo es una de las cualidades que ha catapultado a Paco Roca como el referente que es hoy en el panorama del cómic español actual, y si algo queda claro después de leer La casa es que el autor valenciano se supera con cada una de sus obras. Con Los surcos del azar ya demostró que la peripecia narrativa que había cultivado hasta entonces daba sus buenos frutos, ahora con La casa la cosecha ha sido de 10.

La invocación de la memoria, ya sea la colectiva o la personal, y la evocación del pasado es algo que atraviesa toda su narrativa. Quizás pueda parecer que recuperar la memoria histórica española atrofiada bajo el amparo institucional era la gran empresa del historietista valenciano y que después poco se podría hacer para superar semejante hazaña, pero creo sinceramente que indagar, ahondar y revisar la propia es una tarea que requiere de una sensibilidad y entereza particulares. En esta última obra podemos ver una madurez como guionista y dibujante ya asentadas y analizar el alcance de las herramientas y recursos que ha ido adquiriendo durante todos estos años de trabajo.

Sin textos de apoyo y únicamente a través de los bocadillos y el diálogo fluido, se nos presenta a los habitantes de una casa que simboliza el paso del tiempo. Ese espacio y su relación con él es lo que define a los personajes. José y sus hermanos proyectan en cada una de las estancias de la vivienda sus recuerdos y experiencias vividas junto a su padre. Esa aprehensión del pasado a través de su evocación en el presente funciona como una suerte de estímulo para retomar valores y ser conscientes del momento no solo vivido, sino también del que está por vivir.

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La casa es la memoria familiar, adherida ahora a los objetos que la conforman. Precisamente, es en ese vínculo creado entre el recuerdo y el objeto donde radica el mayor acierto. La carga emocional y afectiva que da vida a todas esas cosas materiales y tangibles —la pérgola inacabada, las firmas en el cemento, la higuera, la manguera…— trasciende las páginas y penetra en el ánimo lector absorto ya en su propia nostalgia. Una excelente muestra de ello es la viñeta del contenedor que gracias al buen manejo del diagrama logra conectar esas ropas y mobiliario por desechar con momentos concretos y de gran emotividad de la vida de José; o incluso mejor desde mi punto de vista la secuencia de los anillos del tronco del almendro.

La diégesis fluye de forma que nos permite olvidar la propia construcción del relato (y ahí radica la verdadera maestría narrativa, en tornar lo complejo sencillo a ojos del lector) para disfrutar de lo realmente primario: las conexiones, los vínculos familiares y afectivos que pueblan esa segunda vivienda, ese otro recinto al que todos estamos en este punto de la lectura irremediablemente ligados. La historia de la casa es la historia de Antonio, es la historia de Roca y es también nuestra historia. Los sentimientos y las emociones depositados en sus habitantes, son los del autor y son los nuestros. Quizás sea esta una obra catártica (o no, eso solo lo podrá asegurar su autor), pero lo mejor de ella está en saber hacer trascender lo común, lo evidente y lo cotidiano; y de lo íntimo y lo personal algo público y universal.

El sabor agridulce que me ha dejado La casa tardará muchos días en diluirse. Bravo Paco, bravo.

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