Una gota de leche triste cae en su vida. Esa desconsolada amargura que surge de su seno está disfrazada por el suero del consentimiento (la base de su ser). La interrogación ante el espasmo del por qué a mí acecha en su blanca habitación. Sus amigas, la bata hospitalaria y la cama, no dicen nada. Por ahora sigue cayendo leche; duele cada triste gota que aflora desde el origen de los tiempos, y sin más, sin que nadie se percate, seguirá cayendo leche hasta que se seque entera.

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Maternite, Paul Gauguin
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