Muere descompuesta el alma. Dos semanas han de pasar para creerlo, para verlo, para olerlo. Nadie reclamó; cuerpo joven pero marchito, cuerpo no comprendido y coleccionista. Ser inexistente que deja trámites en el corazón y un vacío tan copioso que abarca toda nulidad. Muere descompuesta el alma. Cuando nadie habla, nadie llora, nadie grita. Solo queda un periódico con tres frases anónimas. Pobre y mísera muerte que habitas aquí arrastrando piedades mudas en saco de indiferencia. Muere descompuesta el alma. Cuando en vida tu hijo pródigo era un juicio de incomprensión.

paisajes
“Paisajes”, Manuel González Serrano
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