Estación once, Shakespeare y el apocalipsis

Estación once. Emily St.John Mandel. Kailas Editorial. Rústica con solapas, 344 págs. 17,95€

Un libro que combina a Shakespeare y un mundo post-apocalíptico, sin duda alguna parecía tener escrito mi nombre en él, sentía una gran curiosidad por saber cómo Estación once había podido unir en sus páginas los dos conceptos, así que decidí darle una oportunidad al libro escrito por Emily St. John Mandel, una escritora canadiense desconocida para el público español, Estación once es su primer libro publicado en castellano,  pero que poco a poco se está dando a conocer en el mercado angloamericano, en el que ya ha publicado cinco novelas.

El planteamiento del libro es uno de sus rasgos más interesantes y destacables. Estación once nos presenta dos historias separadas temporalmente pero que finalmente están más relacionadas de lo que uno podría esperar al comenzar a leer la novela. La primera de ellas se desarrolla en el presente, y nos muestra el mundo tal y como lo conocemos, antes del cataclismo mundial. En ella el peso de la acción recae en el personaje de Arthur Leander, un famoso actor canadiense. A través de su vida vamos conociendo a este personaje y a sus allegados, sobre todo a sus tres espesas, su hijo y a sus amigos, destacando entre todos ellos Miranda Carroll, la primera esposa y creadora del cómic Estación once del que toma su nombre la novela.

El libro comienza su historia con otra historia, la representación del Rey Lear, obra culmen de Shakespeare y papel que cualquier actor dramático se “moriría” por representar, e ironías de la vida eso es lo que le ocurre a Arthur, muere en el escenario de un ataque al corazón ante la atónita mirada de los espectadores y sus compañeros de escenario. Con esta dramática (nunca mejor dicho) muerte la autora comienza su novela, y antes de que podamos asimilar lo que ha ocurrido nos vemos envueltos en el pánico irracional que desata la epidemia. Y es que la de Arthur no será la última muerte, esos espectadores que acaban de ver cómo se escapa la vida de otra persona ante sus ojos no tardarán en entender que la muerte en realidad está por todas partes y ya nada será como antes. A partir de este momento la narración intercala la vida de Arthur con la segunda narración que compone la novela.

En esta otra historia, dejamos el mundo tal y como lo conocemos y nos damos de bruces con una civilización destruida a causa de la gripe de Georgia. Apenas queda nada que recuerde al tiempo narrado en la otra parte de la historia, solo los despojos, los electrodomésticos y aparatos tecnológicos que una vez eran la base de nuestras vidas y que ahora yacen burlones e inservibles como perpetuo recordatorio de lo que fuimos. En esta parte, el peso de la trama recae en los componentes de la Sinfónica Ambulante que viaja de pueblo en pueblo representando obras de Shakespeare y dando conciertos. De todos sus componentes destaca Kristen Raymonde, una actriz obsesionada con encontrar información sobre Arthur Leander y los cómics de Estación once, ya que suponen su única manera de conectar con su vida anterior. Paulatinamente los cómics conforme vamos conociendo más sobre su elaboración se van convirtiendo en el reflejo metafórico del mundo que ahora rodea a las personas y su nueva situación.

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El significativo final del cómic Estación once

Es quizás en esta parte donde más reparos encuentro, y es que Emily St. John Mandel consigue una historia redonda en la narración relacionada con Arthur Leander, y en la construcción de sus personajes, pero flaquea en la parte de la Sinfónica Ambulante, que deja más en el aire y en algunos momentos parece muy precipitada. Personalmente me hubiera gustado que hubiera desarrollado más esta parte, puesto que sólo se nos muestra unas pequeñas pinceladas de lo que este nuevo mundo puede llegar a ser, por ejemplo, el fanatismo religioso latente que empieza a aflorar en los habitantes de esta tierra desolada parecida cada vez más al salvaje oeste.

A pesar de esto, Estación once no deja de ser una lectura muy entretenida e interesante, un divertimento que ayuda a evadirte de tu día a día tal y como hacen los miembros de la Sinfónica Ambulante, que proporcionan a los habitantes de esa nueva civilización un momentáneo alivio, un momento de evasión de la realidad y les conecta con sus vidas pasadas gracias a las palabras de Shakespeare y la música de la sinfónica, y es que tal y como tiene grabadas Kristen en su piel las palabras de Star Trek, voyager: “sobrevivir no es suficiente”.

 

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