Las crónicas del Celsius (I): El apocalipsis, la Tardis y el cachopo

Tal día como hoy hace una semana fui enviada como representante de las Otrivelinas al festival Celsius 232 para ver que se cocía en tierra norteñas, así que ni corta ni perezosa empaqueté unos pantalones, tres de mis camisetas más frikis y todos los libros que mi maleta podía albergar y comencé mi periplo para llegar a Avilés, viaje que desde mi comunidad autónoma de origen duró casi tanto como un maratón de las versiones extendidas del Señor de los anillos y que incluso la Tardis que viaja por el espacio y tiempo lo habría hecho más rápido.

Así que ahí llegué yo, el jueves 21, segundo día de festival con mi acompañante (puede que no viaje en la Tardis, pero me merezco al menos tener un acompañante), nos habíamos perdido muchas charlas interesantes entre ellas la del divertido y simpatiquísimo Sergio S. Morán, la gran Elia Barceló (a la que afortunadamente disfrutamos posteriormente en otras charlas), mi adorado Joe Abercrombie (véase mi declaración de amor en este mismo blog) y a Elio Quiroga (quien se transformó en el alter ego de Wally paseando por cada rincón del Celsius y con quien te podías encontrar en el momento más inesperado) entre otros muchos más.

En lugar de lamentarnos por las charlas perdidas y sin posibilidad de usar un giratiempo para volver al pasado, decidimos ponernos mochila a la espalda llena de libros y dirigirnos a la plaza Álvarez Acebal para meternos de lleno en el festival lo antes posible; sin embargo, nos topamos con el gran problema de este festival: todavía no se puede estar en dos sitios a la vez, por lo que a nuestro pesar tuvimos que decidir entre la charla de Susana Vallejo y José Carlos Somoza, decantándonos por este último.

Somoza presentaba su último libro Croatoan, libro apocalíptico de tintes filosóficos y así mismo fue su charla. En su primera intervención nos sorprendió diciendo: “En algún momento un escritor quiere matar a toda la humanidad”, una confesión que hizo que los asistentes se quedaran pegados a las butacas esperando más joyas como esta y no se hicieron esperar pues Somoza comentó la anécdota en la que su editor le expresaba su preocupación por su novela ya que había demasiados muertos y que por tanto en la revisión Somoza se dedicó a exhumar muertos. A continuación, nos comentó que además de aniquilar a la humanidad su propósito con la novela era explorar el comportamiento humano en masa al enfrentarse al fin del mundo ya que según él: El ser humano es diferente cuando está solo a cuando está en masa. Aparte del análisis del ser humano en términos de masa con su novela también intenta reflejar el concepto de libertad del individuo en estas excepcionales condiciones.

Tras la filosófica charla de Somoza llegaba el turno de Cristina Fernández Cubas, autora que para mí fue el gran descubrimiento del festival, a su charla llegaron ella misma acompañada por Elia Barceló y Cristina Macía (para algún despistado, la traductora de Canción de Hielo y Fuego), como si tres amigas de toda la vida se encontraran para charlar, y de ese modo se desarrolló el coloquio, con total naturalidad y complicidad, pero dejaré que la presente la mismísima Cristina Macía: “A Cristina Fernández Cubas la etiquetan como que no es uno de los nuestros, pues tengo malas noticias, sí es de los nuestros”, los aplausos tras esta declaración no se hicieron esperar y el auditorio quedó expectante a las palabras de este espécimen raro de escritora que escribe fantasía pero que el resto del mundo toma en serio. Fernández Cubas se metió a los presentes en el bolsillo con sus perlas de sabiduría sobre el relato fantástico: “Todos somos fantásticos porque durante unas horas todos dormimos, soñamos”; pero también sobre sus reflexiones sobre los géneros “cuando un libro me gusta desaparece el género” además de hacernos participes de su pasión por la literatura al compartir anécdotas de su niñez, (mi favorita la de cómo su hermano le contaba el relato de Poe La caída de la casa Usher añadiéndole salas y muebles y para su sorpresa años después al leer el relato y se dio cuenta que le faltaban muebles por todos lados al relato), dejándonos con ganas de leer todos sus relatos y corriendo a comprar uno de sus libros, como servidora hizo.

Cristina Fernández Cubas firmando
Cristina Fernández Cubas firmando

Después de conseguir la firma de Cristina Fernández Cubas (el Celsius más que festival debería llamarse maratón) asistimos a la charla de Luis Alberto de Cuenca, poeta y crítico literario para intentar que algo de su sabiduría calara en nuestras mentes. Luis Alberto de Cuenca nos hizo un breve recorrido por la figura del vampiro tanto en la literatura como en el cine ( y nos reconoció que detesta la peli de Coppola, aversión que comparto) además de leer varios de sus poemas La princesa y el dragón, Dulce Carmilla, La mujer del vampiro y El desayuno, todos ellos con tintes fantásticos. El autor demostró su gran bagaje cultural dejándome con un montón de referencias garabateadas en mi libreta dispuesta a explorarlas con ansia extrema y con la sensación de saberme a poco su charla.

Casi sin poder respirar (que os voy a decir de poder ir al aseo) hace su aparición en el escenario Ian McDonald acompañado por Elias Combarro (uno de los verdHugos y autor del blog Sense of Wonder) y por uno de los organizadores del festival y magnifico traductor Diego García Cruz, al que hay que reconocerle y venerarle su trabajo como traductor durante todo el festival. Esta era una de las charlas que más esperaba con ilusión ya que su último libro Luna es de los que más he disfrutado este año. Ian McDonald no defraudó, en mi opinión fue una de las mejores charlas que pude presenciar en el festival gracias a las preguntas muy acertadas de Elias Combarro en las que hacia un repaso a su trayectoria literaria y a las respuestas del autor, (ha sido la única persona hasta la fecha capaz de hablar de fútbol y no aburrirme) destacando la importancia de la cultura y del colonialismo en su obra, además de acabar con la guinda del pastel: la sexualidad en su obra, referencia incluida en lo que palabras de Elias Combarro a la mejor escena de sexo escrita en la ciencia ficción (véase Luna, un extracto referido al personaje de Ariel Corta), a lo que McDonald ni corto ni perezoso se puso a tararear: Sex, baby, let’s talk about sex baby…

Y hasta aquí lo que dio de sí mi primer día en el Celsius, muy pronto la segunda parte de esta crónica.

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