Las crónicas del Celsius (II): el apocalipsis, la Tardis y el cachopo

Segundas partes nunca fueron buenas, eso reza el dicho, esta segunda crónica no va a ser una excepción, aunque mi segundo día en el Celsius sí que fue incluso mejor que el primero y eso que el listón estaba alto.

Tras la excitación y emoción del primer día decidí tomarme con más calma el resto del festival y comportarme de forma más madura y menos compulsiva, por supuesto no fue así, había demasiado que ver, comprar, comer, muchos/as escritores/as que admirar…(quien dice admirar, dice asaltar para una firmica).

La jornada del viernes se presentaba muy prometedora, la mañana estaba en calma y no había mucha gente, imagino que estarían recuperando fuerzas de la noche anterior. La mañana fue una mezcla de géneros híbridos al servicio de la literatura fantástica comenzando por El murmullo de Milo J. Krmpotic, un thriller sobrenatural de tintes de cuento infantil y ambigüedad propia de Henry James. Siguiendo a esta conferencia llegó Beatriz García Guidaro que presentaba su primera novela El silencio de las sirenas y nos explicó los temas principales que abordaba en ella como por ejemplo la exploración de la identidad o el doble, unos temas muy presentes en la literatura feminista, y también resaltó su propósito de devolver a la figura de la sirena ese toque siniestro y seductor de la tradición literaria clásica y  del que Disney le ha despojado.

Abandonamos las sirenas seductoras y seguimos con Robert Shearman y su retorcido sentido del humor capaz de que nos hagamos los mejores amigos del perro de Hitler en el inframundo, desde este momento me declaro muy fan de Shearman, ese señor de aspecto bonachón y el típico amigo bromista de humor incansable. Shearman estaba acompañado por una de las fundadoras de la editorial digital Fata Libelli, Silvia Schettin, además de ser la encargada de la selección de los relatos de dicha antología y su traductora, para presentarnos la antología Homo Homini Lupus.

El Celsius es un festival en el que pasan muchas cosas extraordinarias, una de ellas la pudimos vivir en la última charla de la mañana del viernes en la que cuatro viajeros del tiempo nos visitaban desde el futuro: Cristina Macía, Sofía Rhei, David Lozano y Francisco Espinosa para adelantarnos su presencia en el Celsius 2017 y nos pusieron los dientes largos con el avance de sus próximos libros (de los que espero con especial entusiasmo la primera novela adulta de Sofía Rhei)

La tarde prometía intensa así que cachopo en panza para no sufrir un desmayo por falta de nutrientes y para tener energía en caso de sufrir un apocalipis zombie, asistí a la primera charla de la tarde que iba precisamente de eso, de cómo sobrevivir al apocalipis zombie… pero con tu madre, una charla muy divertida con Vito Vázquez, padre de la criatura, y Suki ilustrador autóctono del libro. Gracias a ellos aprendí que el apocalipsis zombie es inminente, que me pillará con mi madre en el peor momento posible, que cualquier objeto cotidiano es un arma mortífera y algunas recetas asquerosas para escasos ingredientes.

Después de esta charla tan instructiva volví a encontrarme con Elia Barceló acompañada de Sofía Rhei, que hicieron un repaso a su trayectoria como escritora juvenil y defendió su gusto por lo no cotidiano además de resaltar lo aburridas que son para ella las típicas historias juveniles de la típica amiga que se ha quedado embarazada o que le ha dejado su novio… porque como bien dijo a nadie se le ocurre que en la Edad Media se le pagara a un juglar para contar lo que le ocurría al vecino.

Para cerrar la tarde asistí a las charlas de Kevin J. Andersen y Javier Sierra. En este momento debo hacer dos confesiones, la primera es que no he leído nada del primero y la segunda es que no soy muy fan de los libros de Javier Sierra y sin embargo, ambas charlas me parecieron muy interesantes y me quedé enganchada a sus palabras. Andersen demostró ser un ejemplo de perseverancia al contar que más de 600 de sus manuscritos o historias habían sido rechazadas de ser publicadas y a pesar de ese número tan apabullante no se rindió, yo creo que no se puede demostrar un amor más incondicional hacia la escritura y a la ciencia ficción. Por su parte, Javier Sierra fue una sucesión de anécdotas e información muy interesantes y muy curiosas.

Como colofón al día, los Hijos de Mary Shelley crearon una atmósfera de extrañeza y terror en perfecta armonía con aquella noche en la Villa Diodati en la que Frankenstein emergió de la imaginería de Mary Shelley. Sus autonombrados hijos sacaron a la luz lo inquietante o siniestro de la naturaleza humana con dos monólogos titulados El espectro de la estación Atocha y Sirena negra, creando una sensación de desasosiego entre los asistentes.

Todo principio tiene un final y el Celsius por desgracia debe cumplir esta máxima también. El sábado era el fin de fiesta y se notaba esa excitación en el ambiente, y el deseo de no perderse nada empujó a todos los asistentes de tal manera que fue el día en el que más gente congregó de los tres días que yo estuve presente. Para abrir la mañana teníamos a la flamante novela ganadora del premio Angular de este año León Kamikaze cuya charla fue muy interesante ya que su autor Álvaro García Hernández decidió darle un enfoque más “técnico” haciendo las delicias de los filólogos presentes (o al menos en mi caso).

Guillem López se hizo esperar (la culpa la tuvo el tequila y Lavie Tidhar según Twitter) y presentó sus dos últimos libros Challenger, primer premio Kelvin 505 de novela nacional, y La polilla en la casa del humo, dos libros que son la noche y el día o como él mismo dijo el primero asciende hacia la luz y el otro desciende a la oscuridad.

Su relevo lo tomó Claire North, ganadora del Kelvin 505 a mejor novela extranjera por su novela Las primeras quince vidas de Harry August, que llegó acompañada por Ian Watson. North demostró desparpajo, humor y buen rollo, se notaba que estaba disfrutando contando sus anécdotas como diseñadora de iluminación teatral (el momento mate, mate… mate fue épico).

Hablando de mujeres divertidas y buen rolleras, Jenny T Colgan cerró las charlas de la mañana presentando su libro La resistencia es inútil y dio algún adelanto de su experiencia como guionista de Doctor Who. La charla de Colgan dio paso a la entrega de premios de los Kelvin 505 que más que una entrega parecía una fiesta entre amigos con un ambiente muy relajado y distendido y donde se premió a los autores (Joe Abercrombie, Claire North y Guillem López) pero también a los traductores de las novelas extranjeras ganadoras, iniciativa que me parece la pena resaltar porque la labor del traductor debería valorarse más.

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Abercrombie, North y López, los ganadores del Kelvin 505

Salidos de la Tardis llegaron por la tarde Robert Shearman, Ian Whates y Jenny T.Colgan para hablar de Doctor Who. Fue una charla que se hizo muy corta y supo a poco pero con la que descubrimos que la reinvención de los Daleks fue gracias a la mujer de Shearman (quien creía que eran unas criaturas estúpidas y que no daban miedo) o que a Colgan no le dejaban añadir “escenas de besos” para el Doctor pero que cuando dejó de escribir guiones el Doctor se casó varias veces e incluso tuvo una hija, para la posteridad queda la frase de el Doctor no se quita los pantalones.

 Sin salir de la Tardis apareció Doc Pastor, una mezcla del Doctor por su saber enciclopédico y Jack Herkness por su descaro y carisma que nos presentó su libro Doctor Who, el loco de la cabina, librito que ya está en mi estantería.

A la voz de Run! como en cualquiera de los episodios de Doctor Who fuimos al auditorio para ver a David Mitchell que nos deleitó con un relato titulado My eye on you, ambientado en su última novela Relojes de hueso, un relato que fue una delicia escucharlo de su propia voz para comprobar la sonoridad que destilaba y que fue traducido ipso facto por el grandioso Diego García Cruz.

Finalmente, el festival cerró sus conferencias con la titulada Grandes damas de la ciencia ficción, segunda temporada con Claire North y Francesca Haig, a las que se les veía encantadísimas por ser las representantes de ese título (sobre todo a North) hablaron del apocalipsis, maternidad (terminé de construirle un altar a North con su respuesta) y de temas de la ciencia ficción sobre los que les gustaría leer o escribir en un futuro.

Y de esta manera el Celsius 2016 llegó a su fin para mi. Por supuesto me he dejado en el tintero muchas cosas, no he hablado de las charlas de libros juveniles e infantiles, ni de las secciones de letras y bits, las series de nuestra vida o las jornadas de doblaje, del cosplay, la escuela de esgrima etc, etc… Tendría que haber 10 más como yo para poder abarcarlo todo, pero lo que sí me gustaría resaltar para cerrar esta eteeeeeeeerna crónica es que lo más impresionante del Celsius es el ambiente, la gente, su poder de congregación y poder admirar el fervor y la pasión compartida con decenas de personas es lo que más me impresionó, ver a gente de todas las edades (incluso familias) disfrutando y emocionándose como niños por la literatura de género es el mayor logro del Celsius 232, así que gracias a sus organizadores y si no pasa nada hasta el año que viene.

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