Róndola, la reinvención del cuento de hadas

Róndola. Sofía Rhei. Minotauro. Tapa dura con sobrecubierta, 596 págs. 21.95 €

Erase una vez un mundo con forma de rosquilla dividido en tres reinos: Tertius, Dritte y Kolmansien. En Tertius, existía una ruleta que designaba tareas a los guerreros/as y paladines del reino para alcanzar la fama y la grandeza, y por tanto todos los días se formaba una larga cola de guerreros para probar suerte y cumplir su destino. Un buen día la tarea más improbable fue asignada al paladín con menos experiencia, debía rescatar a la princesa del reino de Tertius del cautiverio de un dragón.

Erase también una vez una princesa que no sabía que estaba cautiva en el castillo de un dragón, sino que creía que asistía a una prestigiosa academia de costura con otras princesas de otras razas muy diferentes. En esa academia eran educadas según las once virtudes que una dama debía tener «templanza, sencillez, serenidad, entrega, mesura, ejercicio, valor, generosidad, confianza, alegría y amistad» y cosiendo y bordando pasaban sus días hasta que llegó el ansiado día de la graduación en el que finalmente, cada una alcanzaría su papel asignado en la sociedad, sin embargo no podían imaginar los acontecimientos que ocurrirían ese día y que les forzarían a tomar un camino totalmente opuesto al que se espera de ellas.

Desde que el pasado mes de julio Sofía Rhei anunciara en el festival Celsius que en septiembre saldría a la venta su primera novela adulta, he estado contando los días y esperando ansiosamente la llegada de este mes (algo que no suele ocurrir muy a menudo) para poder hincarle el diente a esta rosquilla rellena de fantasía, feminismo, humor e ingenio para comprobar que la autora no se desenvuelve bien unicamente en el formato corto o en la literatura infantil y juvenil sino que la novela no supone ningún reto para ella.

Si leéis alguna entrevista o reseña del libro, lo primero que se resalta es su humor, característica que podemos apreciar incluso antes de empezar a leerlo, gracias a ese claro homenaje que la autora hace al gran maestro del humor en el género fantástico, Terry Pratchett, al conferirle a su reino la forma de rosquilla en referencia a la forma de disco del Mundodisco del autor británico. Pero el humor, la ironía y el absurdo no se quedan sólo ahí, estos rasgos se perciben a lo largo de toda la novela en los juegos de palabras, los diálogos inteligentes cargados de dobles sentidos, además de las situaciones absurdas que viven sus protagonistas.

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La geografía en forma de rosquilla de Róndola.

Pero lo maravilloso de Róndola es que es un cuento de hadas del siglo XXI, en el que acorde con los tiempos que vivimos, los géneros y los roles tradicionales se subvierten, las princesas ya no son damiselas en apuros, sino que son sobre las que recae totalmente la acción, son mujeres inteligentes que cansadas de esperar en un castillo a ser desposadas o a que otra persona tome las decisiones por ellas, deciden ponerse en marcha y ser dueñas de sus propias acciones. En el caso de los paladines, ya no son los encargados de rescatarlas, sino que por el contrario hay que rescatarlos a ellos en más de una ocasión. Estos son algunos de los ejemplos más claros de estereotipos modificados que podemos encontrar en la novela pero no son los únicos, ya que la novela es un cuento que intenta huir de todo estereotipo o modelo del que se basa.

– Nos has salvado – le dijo agradecida -. Eres una héroa.

Erbin frunció el ceño.

– De modo que ahora sí que me has oído, ¿eh?

La princesa de los faýr frunción el ceño.

– Solo los hombres pueden ser heroicos. Es una estupidez pretender lo contrario.

La bibliotecaria abrió la boca. Tenía una gran cantidad de argumentos históricos y documentales a ese respecto, ya que las paladinas eran uno de sus temas preferidos.

Sofía Rhei toma como ventaja el conocimiento popular de los cuentos tradicionales de hadas y princesas (Rapunzel, la princesa y el guisante, Barba Azul, Rumpelstiltskin, los unicornios, las princesas bailarinas, etc.) para moldearlos según sus intenciones y crear una complicidad con el lector que reconoce dichas historias, evoca su infancia y después se divierte al comprobar el ingenio con el que la autora los actualiza y saca a relucir el disparate que subyacía en ellos.

El tono humorístico no está orientado únicamente a romper las reglas que marcan al cuento de hadas, también está dirigido hacia aspectos de nuestra sociedad que nunca habríamos esperado encontrar en reinos atestados de criaturas fantásticas (maravillosas las referencias al sistema democrático, los funcionarios o el papel de la mujer en la sociedad) y todo esto narrado con una inteligencia tanto intelectual como emocional que creo que pocos autores serían capaces de lograr. En lugar de darle un tono de odio y de malestar, Sofía Rhei opta por una narración más delicada y dulce, resalta la idea de que la mejor herramienta de protesta es el humor y que no hace falta un lenguaje soez o vulgar para denunciar algún aspecto de la vida que no nos guste (no olvidemos, que aunque trasgresor, esto sigue siendo un cuento).

Sin embargo, Róndola no sólo es una crítica a las normas encorsetadas de los cuentos extrapoladas a nuestra sociedad (tan ceñidas como los vestidos de las princesas) también es un alegato de amor a toda esa tradición literaria que de niños (y adultos) tanto disfrutábamos. Sofía Rhei no habría podido escribir este libro si no partiera de un cariño incondicional a la lectura en general, y a los cuentos infantiles en particular y eso se percibe en cada página de la novela.

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Uno de los detalles de la excelente edición de Minotauro.

No penséis por mis palabras que la novela es simplemente una revisión de los cuentos clásicos cambiando su desenlace o a los personajes implicados, porque esta novela es mucho más compleja que eso. Róndola tiene sus propias criaturas fantásticas como los vaamp, la gente ortiga, las pulgas que te tatúan en la frente eslóganes de tiendas y muchos más, además de una mitología muy cuidada que se basa en el número once (once dioses, once virtudes y defectos, once meses-estación, las endesemanas duran once días…) aparte de recetas, leyendas populares y un largo etcétera que se extiende hasta las 200 páginas de un calendario que la autora ha puesto a disposición de los lectores como complemento a la lectura de su novela.

Para terminar me gustaría decir que leer Róndola es volver a disfrutar de la literatura como un niño, dejando que la aventura te lleve sin prejuicios o preocupaciones de ninguna clase, al final de cada capítulo es inevitable esbozar una sonrisa, es un libro que deja un gran sabor de boca (y no porque sea una rosquilla sabrosa) al terminarlo, uno de esos libros que te alegra el día después de una dura jornada en el mundo real.

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